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LOS DIÁLOGOS DEL BOSQUE

Francisco Carpio
2007

 

foto1Primer esbozo de inicio: Vais a entrar en una exposición de esculturas. No, no deja de ser -es cierto- un inicio real, pero aún así no me resulta totalmente satisfactorio. Veamos. Por el arte de magia de ia (i)magi(n)a(ción), os propongo este otro; Vais a entrar en un bosque, un bosque en el que podremos observar y encontrarnos troncos de árboles erguidos; arbustos y matorrales; hojas caídas y apoyadas en las rocas; incluso hasta podremos ver y vernos en espejos de agua y de hielo. Creo que esto suena mejor, bastante mejor. Pero, antes de nada, vayamos por (p)artes -mágicas-.

 

Comienza el paseo por los claros (y oscuros) de este singular bosque. Las esculturas verticales que Jorge Varas se propone y nos propone, en un primer a(sa)lto, son verdaderamente un auténtico "dibujo en el espacio" -Julio González dixit-, con un trazo hirsuto y eréctil, como podría llegar a ser el gesto de un lingam ancestral, o el perfíl del tronco de un árbol. Son, por otro lado, bloques concebidos a base de limpias facetas, y tallados siguiendo un ritmo oblicuo y dinámico, con el que consigue imprimir movimiento tanto al ojo como a la mano. Un viaje de miradas y texturas desde la pupila hasta la yema. ¿Qué escultor no prestaría atención, n¡ dedicaría devoción, a la profundidad táctil y matérica de las superficies?.

 

Por su parte, los planos que conforman la arquitectura de su escultura, crean diagonales y esquinas, apartándose de la visión ortogonal y paralela del espectador. Presiento que Miguel Ángel no anda demasiado alejado de estas estrategias tectónicas. Un carácter móvil y mudable que sin duda otorga a estas obras una mayor cuota de espiritualidad, al tiempo que permite una polisemia de miradas. Tampoco se encuentra muy apartado de ellas el embrujo del influjo que la larga sombra de la columna infinita de Papá Brancusi arroja sobre la accidentada orografía de buena parte de ¡a escultura contemporánea.

 

foto2¿Y quién podría decir que no sean también las ruinas de columnas que, en un tiempo pretérito, hiñesen sostenido extraños templos, o quizás igualmente los verticales vestigios arqueológicos de ciudades perdidas e invisibles (como aquella mítica ciudad de Lignia, soñada y contada por Italo Calvino, en la que los edificios, los dioses y los cuerpos esbelltos de las doncellas estaban hechos de la milenaria madera del sueño)'?

 

Algunas de estas esculturas refuerzan su cercano parentesco con el linaje familiar de los árboles, culminando el prisma de los troncos con una erupción de pequeñas formas ascendentes, que pueden hacernos recordar ramas, o tal vez extrañas coronas de extraños reyes vegetales, o quién sabe, quizás mágicos candelabros.

 

En este bosque ¿imaginado? podemos igualmente ver y sentir el tacto irregular y más orgánico de los arbustos de raíz y ramas metafísicas. Son formas de escala más reducida, más próximas a la humana medida de los exvotos que a la inabarcable proporción de los ídolos totémicos. Formas, al fin, que conversan en un reticulado directo de verticales y horizontales. Matas y matorrales, que poseen la silvestre libertad de la naturaleza, y el severo orden mental de las ideas, que acaban convirtiéndose en paisajes petrificados, y en naturalezas muertas muy vivas. Espacios habitados por la progenie de Chineo y Giacometti, y deshabitados por e! frío aire del vacío.

 

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