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Diálogo con Jorge Varas

 

Extracto de la entrevista de Eugenio Castro del libro de Jorge Varas.

E. C. Digo: el infinito. Y tengo en mente la imagen de la línea del horizonte sobre el mar y su perfecta rectitud. Y sin embargo, una mirada apenas prolongada me hace distinguir una casi imperceptible reverberación que altera ese trazado riguroso, pero que lo hace “temblar”. Toda arista, toda línea experimenta a los ojos del ser sensible esa reverberación, máxime si se recortan contra un fondo vacío, pues este les confiere, al menos como sensación, esa variación perceptiva. Buena parte de la “línea dura” de algunas de tus esculturas se hace eco de esa resonancia (se advierte, obviamente, en su encuentro con el espacio deshabitado). Tal vez sea este hecho el que, al menos metafóricamente hablando, le confiere a tu trabajo esa cualidad sensible que Juan Manuel Bonet definió expresivamente como “geometría sensible”. Todo esto me lleva a preguntarte sobre el grado de correspondencia que existe (o no) entre tu escultura y ciertas manifestaciones de la Naturaleza, hasta el punto de estar inspiradas por ella, aunque esta inspiración pueda producirse, en ocasiones, de manera inconsciente.

Jorge VarasJ. V. Estás hablando de la relatividad de nuestra representación del mundo. La imagen de la linealidad del horizonte, con sus posibles pestañeos o su mínima curvatura con la que has iniciado esta reflexión está muy incorporada en mi conciencia de la realidad por dos motivos distintos. El primero se debe al interés que suscita en mí el mar y los viajes de largo recorrido, y el segundo es consecuencia de la incorporación de la geometría en la concepción espacial de mi trabajo, dada la importancia que esta línea tiene no solo en la constitución del dibujo, sino en las especulaciones y contrariedades que de ella se derivan. Como ves en estas dos motivaciones referidas a este elemento, están presentes los dos temas que pretendes relacionar. La geometría, que la entiendo constituida por dos facetas -una puramente especulativa y otra con fines mas pragmáticos- ambas de máximo interés, de acuerdo con lo que nos aportan según el sentido que busquemos: herramienta a superar si la aplicamos a la construcción escultórica, o cuerpo conceptual que nos permite completar nuestra concepción del espacio y por tanto de algunas cosas mas.
Si la utilizamos como herramienta aplicada a lo artístico, en algún momento tendrá que ser superada en su aplicación, por lo que no se tendrá por qué respetar toda la ortodoxia y rigor sobre la que se estableció como disciplina. En ese interés, que creo que ya te he referido cuando abordábamos una cuestión anterior, por moverme en el terreno de las contradicciones, de las ambigüedades, o del recorrido de ida y vuelta que se establece entre una afirmación y una negación, he templado la frialdad del dibujo estructural de mi obra mediante el tratamiento de las superficies o la elección de determinados materiales -la madera o el aluminio- que por sus cualidades colaboran en lo perseguido. Además, esta geometría se relaciona de manera directa con el medio natural, y si yo, en mi obra no intento registrar la Naturaleza de forma realista, si que en ocasiones intento interpretarla atendiendo a la incorporación de lo geométrico en ella, buscando determinadas relaciones espaciales que me sean útiles. Por ejemplo, cuando trabajé en la idea de bosque intenté construir formas que en su constitución individual y conjunta atendieran precisamente a los diferentes aspectos y sugerencias que nos refería dicho medio.

E. C. Al cuestionarte lo anterior, lo he hecho pensando, también, en una de las características -y digo sólo una- que definen con claridad tu trabajo. Me estoy refiriendo a la totémica. Y no lo hago porque tú representes una cosmogonía, sino por lo contrario, porque existe una total ausencia de pensamiento cosmogónico en el devenir actual de la cultura occidental, y específicamente en el ámbito de la creación artística (pensemos que en las culturas que nos han precedido -y hasta no hace mucho- las representaciones totémicas eran construcciones elocuentes de la relación de una comunidad con el cosmos a partir de su sacralización de la vida concreta). En tu caso, lo que me ha parecido advertir es que, conscientemente o no, realizas la operación de erigir un totemismo de la ausencia de totemismo en nuestra cultura. Sin embargo, esta curiosa operación no ha olvidado la materia con la que se construye el tótem: la madera. E incluso iría un poco más lejos, la del ámbito mágico del que procede: el bosque. De esta manera, tu fascinación por los distintos árboles con los que construyes tus piezas, se me antoja que opera como el resorte que activa una memoria ancestral que queda en alguna parte del cerebro humano, se hace fuerte en él y, a la vez, sale afuera mediante algún tipo de encuentro. Al respecto, me concedo la complacencia de imaginar que tu “adoración” por ciertos árboles –o al menos por su madera- es algo así como la restitución, quizá involuntaria, de un pensamiento mágico particular, pues a través suyo pareciera restablecerse una relación anímica con la Naturaleza, que encarna finalmente en la apariencia y en la forma última que adquiere en las piezas.

Jorge VarasJ. V. Es cierto que, efectivamente, en nuestro subconsciente está grabado y por tanto registrado mucho de lo que acabas de sugerir. Estamos influenciados por nuestra propia biografía y por la realidad objetiva a la que nos incorporamos como seres sociales, pero como te tengo que decir cuales son los motivos que me llevan a abordar estas cuestiones que me estas planteando, como es ceñirme a la vertical con tanta asiduidad, me referiré a algo que está siempre muy presente siempre que se construye un elemento totémico, como son los vínculos que establece la perpendicular al suelo con la tierra, con lo cotidiano o cercano y con esa otra realidad que se aleja de la horizontalidad del terreno, constituyéndose en el espacio mas aéreo de lo menos evidente, con aquella realidad menos conocida. Sin embargo, la elección de la madera como material predilecto en mi escultura es más como consecuencia de sus cualidades determinadas por su densidad que por cualquier otro motivo, ya que este material me permite abordar escalas que unidas a mis condicionamientos de ejecución serían impensables en otros materiales que pudieran ser objetos de mi interés. Después, también podemos pensar en el juego de contradicciones del que ya hemos hablado, que se nos presenta aquí en el contraste entre lo creado artificialmente sobre un material natural apenas transformado. Luego, una vez que ya has elegido el material, es cuando empiezas a pensar más en él, investigando sus cualidades de construcción, su uso a lo largo de la historia, sus aportaciones simbólicas o conceptuales…

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