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E. C. Ahora que hemos entrado en este círculo mágico, nos encontramos, por contagio o por penetración, ante el recuerdo de una cierta sacralidad que siempre había presidido lo que se da en llamar creación artística (el arte representaba la unión del espíritu humano con la Naturaleza; por él podía el hombre restituirse una relación que había sido condición de la existencia del arte). Al hacer este comentario, pienso en los trabajos que más expresamente participan de ese sentimiento. Cito, por ejemplo, aquellos datados en torno a 1991-2 y que titulaste “Los bueyes del sol”, “Las alas de la locura” o “El rapto de las sabinas”. Por un lado, ¿qué importancia concedes al sentimiento de lo sagrado en tu propia creación? Por otro lado, ¿confieres credibilidad al arte como continente de ese sentimiento, a tenor de su escandaloso viraje hacia la propagación del fetichismo de la mercancía?

Jorge VarasJ. V. Ciertamente encuentro en mi experiencia estética ciertos paralelismos con el ámbito de la religiosidad, entendiendo dicha religiosidad como aquellos posicionamientos que se alejan de la ortodoxia marcada por las diferentes creencias y que, además, profundizan de forma más radical en la búsqueda de nuevos estados perceptivos y en la relación con lo vital de la existencia. Aborrezco los fundamentalismos de cualquier orden y me adscribo a aquellas tendencias que se muestran insatisfechas con el mundo objetivo que se nos propone, intentando establecer otras realidades más equilibradas y razonables. Como artista intento indagar en la introspección personal. Con ello no quiero decir que no sigamos maravillándonos con lo inmediato, pues es evidente que a partir de la cercanía de la cotidianidad es desde donde podremos enriquecer nuestro espíritu.
Como consecuencia de todo esto me cuestiono en muchas ocasiones la concepción que a veces se tiene del arte como pura mercancía, y tiendo a valorar más a aquellos artistas que se posicionan con cautela ante el mercado. El verdadero artista debe estoicamente establecer sus posturas desde la renuncia, asumiendo que la mercantilización de su trabajo no siempre es viable, y en el caso que se dé, puede ser muy costosa. Si te conciencias plenamente de esto que estoy diciendo, adquirirás ánimos para vencer las dificultades, para asumir esfuerzos impensables en cualquier otra actividad, sobrepasando incluso en algunos casos los límites de lo establecido por las normas habituales de comportamiento.

E. C. La pregunta anterior me lleva a interrogarte si concedes relevancia alguna al componente simbólico en tu escultura. En este sentido, y como continuación también de la pregunta precedente, me gustaría saber si ese componente coincide en algún punto con una cierta disposición mental hacia lo mítico y cómo cristalizaría, en su forma concreta, en tu trabajo.

Jorge VarasJ. V. Aunque no es mi única preocupación, si que a veces mis piezas pueden transmitir cierta experiencia simbólica o mítica debido a sus caracteres formales propios. Esta experiencia es consecuencia de mi deseo de establecer lazos de conexión con nuestras diferentes tradiciones culturales, que se han apoyado en la imagen a través de las disciplinas mas variadas (escultura, pintura, música, poesía…). Me reconforta dialogar con la Historia.
En muchas ocasiones la referencia es literaria (me resultan muy atractivos aquellos textos, mayormente poéticos, que se centran en la evocación y creación de imágenes), con la intención de fortalecer con mayor intensidad el tema central de mi trabajo que intenta profundizar sobre todo en la expresión de mi propia experiencia, de las sensaciones y sentimientos derivados del existir.
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E. C. Abordemos ahora otra faceta de tu hacer. Desde el momento en que uno se topa con tus esculturas le asalta una sensación muy marcada que suscita una interrogación inmediata: ¿cuánto tiempo se ha invertido en la realización de estas piezas? La pregunta no pretende cuantificar ese tiempo sino todo lo contrario, interesarse por el tiempo que se ha liberado. Después de todo, cómo no preguntárselo al observar todos esos detalles que hablan de un detenimiento, de un descanso, de una reiniciación, de un agotamiento. En suma, ¿cómo “pasa el tiempo” por ti? O dicho de otro modo ¿cuál es la continuidad creadora en ti?, ¿Se produce sólo en el taller?, ¿Dónde empieza, por dónde transcurre?

J. V. El trabajo del artista no se ejecuta exclusivamente en el taller. Es cierto que en mi caso, todas las piezas -algunas mas que otras- llevan muchas horas de trabajo propio de taller, ya sea serrando, encolando, mecanizando, cortando, ajustando o barnizando. Pero el proceso no empieza ni acaba exclusivamente en el taller. Ser escultor o pintor significa comportarte en todo momento como tal, estableciendo una dialéctica entre lo que eres y cualquier actividad que realices. Si escribes lo harás como escultor, y el texto será estatua. Un ejemplo de lo que digo lo tenemos en el carácter corpóreo de los textos de Oteiza, tanto en su estructura como por los temas sobre los que se reflexiona. Oteiza antes que nada continúa haciendo escultura.

Jorge VarasIntentaremos interpretar y traducir cualquier actividad a través de la experiencia de lo que somos. El artista tiene pocos momentos separados de lo que él es, porque el arte esta unido de manera inseparable a la vida. Me comentaba un amigo periodista que con ocasión de una entrevista al magnifico cantaor Agujetas acerca de los momentos de inspiración, éste le contestaba que al “montar en el catorce treinta” y darle una paliza a su primo el “gitano de bronce”, entonces le salía de todo. En este hecho tan banal como puede ser una amistosa pelea puede aparecer el inicio de un cante. Leonardo recomendaba contemplar el cielo, viendo el paso de las nubes y sus respectivos cambios de forma. Creo que era Pollock el que daba centenares de vueltas enloquecidamente alrededor de la tela, antes de comenzar su tarea. Pero ya que hablamos del tiempo de ejecución de una pieza, quiero relatar una experiencia cercana que ya escribí en el catalogo de mi ultima exposición “Transferencias”. Como ante la construcción, me sorprende gratamente ese momento casi mágico en el que empiezas a considerar que la pieza esta tomando vida. Cómo algo que en un principio estaba descompuesto, de repente, después de muchas horas de trabajo en las que te cuestionas tu propia capacidad para resolver aquello que intuyes, adquiere sus propias pulsaciones, su propia temperatura, y de manera imprevista en cuestión de apenas horas, parece que se hubiera creado por sí misma. Y es que durante el proceso de creación, el artista pierde la conciencia de sí mismo, y en cierta medida se integra en los ciclos temporales de la totalidad.

E. C. Pero igual que se habla de “paso del tiempo”, pues la evocación del movimiento, del periplo aparece manifiesta o latente en distintos momentos de tu trayectoria, se puede hablar perfectamente de eso que se da en llamar, con bastante acierto “el viaje inmóvil”. En buena medida, la escultura en sí es representativa de esa figura con cierta carga metafísica. ¿Está presente en la tuya? ¿Cuál sería, entonces, su manifestación más específica, más emblemática? Pues tanto tus evocaciones del bosque, del viaje, pero también de la ciudad, parecen recibir su influencia.

J. V. Como artista deseo que mis obras sean entidades de carácter intelectual y sensible, pues la perfecta combinación de estos dos factores será responsable de que las pinturas o esculturas se establezcan como realidades propias y nos aporten las respectivas experiencias diferenciadoras a las que ya nos hemos remitido. Por lo tanto, aunque la palabra “trascendencia” no me acaba de satisfacer por el excesivo contenido ideológico que conlleva, si que intento proponer experiencias similares a las que se asignan al término. Mi intención es crear piezas que actúen como trampolines que permitan al espectador llegar a estados de conciencia paralelos, donde las sensaciones se polaricen según el momento: del placer al dolor, de la claridad a la turbación, de lo comprendido a lo incomprendido, de la tranquilidad a la conmoción….
El tronco del faraón es un ejemplo representativo de lo que estamos hablando, la verticalidad, la escala, la combinación de la geometría y el tratamiento de las superficies, la constitución formal y el mismo título -que hace alusión a la imagen que se les aparece a los cantaores flamencos cuando en ocasiones son capaces de elevarse mediante la actividad que realizan- son elementos con los que intento reflejar aquello a lo que te estás refiriendo.

Extracto de la entrevista de Eugenio Castro del libro de Jorge Varas.